Nuestros hábitos de consumo dictan como vivimos nuestras vida;

Pagar facturas, comprar cosas, viajar, vivir en casas más grandes, comer en restaurante pomposos, pagar para tener cada vez más comodidades y volver a comprar mas cosas.

La mayoría de decisiones que tomamos cada día puede sentirse como el resultado de una decisión muy estudiada, pero en realidad no lo es…

Acéptalo; estamos programados para comprar y consumir.

No, no es cuestión de llevar una vida eco-friendly, pero si es hora de re-formular por completo los hábitos de consumo hacia otros más minimalistas y muchos menos materialistas.

Es tiempo de sustituir “lo quiero”, “es mío”, “lo tengo” o “lo compro” por “me lo prestas”, “te lo dejo”, “también es tuyo” o “lo alquilo”.

Este no es un post para auto-flagelarse ni de experto coach en autoayuda, ni mucho menos, simplemente queremos defender la postura decrecentista del consumo de nuestros días y sustituirlas por métodos más saludables como el alquiler.

El primer paso para vencer a nuestra actitud derrochadora y consumista es aceptar el problema; tenemos unos hábitos terribles.

La sociedad que debería educarnos para el conocimiento y la empatía nos educa para consumir. El sistema financiero que debe velar por un correcto comercio entre personas nos anima para gastar más. Los medios informativos que deberían ofrecer información veraz y neutral nos convence de que felicidad la tiene el que más compra. Incluso el calendario anual que antaño estaba estructurado alrededor de las lunas y las mareas, ahora está colapsado por los eventos para el consumo.

Y así los años se pasan fugaces en la frenética carrera dedicada a perseguir dinero para comprar más cosas. Cosas que ni son imprescindibles, ni las usas.

Atesorar experiencias en vez de objetos es la postura inteligente, y en ese sentido, deberíamos preguntar a nuestros abuelos y abuelas. Ellos fueron expertos en vivir con poco y te pueden mostrar los encantos que tenía esa forma de vida. Volver a esos valores que antes teníamos tan interiorizados no es fácil, todo está preparado para seducirte en la propiedad de muchas cosas.

Desde una inocente campaña publicitaria hasta auténticas pandemias en las cuales se necesitan ciertos productos para sentirse bien consigo mismo. Sin importar en absoluto que ese producto tenga unas características reciclables, reutilizables, biodegradables o compostables.

“Vales por lo que tienes y si lo tienes es porque lo mereces”. Una afirmación absurda y errónea que reafirma continuamente el hiperconsumo. Pero hay otro motivo para dejar de almacenar y consumir cosas sin sentido; el dolor es el apego a las cosas.

Y es que ser más libre no significa tener más cosas, si no disfrutar de ellas.

Recuerda, tu libertad no paga intereses.

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