A medida que se aproximan las fiestas navideñas, el comercio, y los medios de comunicación en general, lanzan sobre los ciudadanos la ofensiva consistente en repetir, hasta la saciedad, mensajes de paz, de amor, y, sobre todo, de consumo.

A nuestras obligaciones de ser felices, bondadosos, solidarios, entrañable-mente familiares, alegres y divertidos, se une la más sagrada de todas; la de comprar.

La celebración de la Navidad y el ir de compras se han convertido, en nuestra sociedad de consumo, en actividades complementarias cuando no sinónimas.

La publicidad se ocupa de hacernos ver la necesidad de participar en estas fiestas, de convertirnos en protagonistas de los acontecimientos.

Se nos trasmite la idea de que si no participamos en la fiesta somos insolidarios, inhumanos, egoístas, aburridos, en definitiva, aguafiestas.

Y ¿cuál es la mejor (cuando no única) forma de participar?, muy fácil, consumiendo, comprando.

Estas son las 10 razones por la que debemos desmarcarnos de la compra/venta durante Navidad:

1 – Porque el número de “necesidades innecesarias” se multiplica: alimentos para comidas y cenas especiales, bebidas, ropa y complementos para lucir elegantes los días señalados, conciertos, eventos, participaciones en juegos de azar… En definitiva parece que el año quiera concentrarse en las pocas semanas del mes de Diciembre.

2 – Porque a medida que pasan los años asistimos a una curiosa anticipación de las Navidades. Hace poco la fiebre del consumo arrancaba el 22 de Diciembre, el día del sorteo de la Lotería extraordinaria de Navidad. Ahora el frenesí de la compra/venta arranca a finales de Octubre, todavía con altas temperaturas. ¿Cuándo se ha visto que los refrescantes melones o sandías convivan juntos a los polvorones en los Supermercados durante meses?

3 – Porque se está perdiendo el tejido industrial local. Ya que nuestro espacio urbano se encuentra impregnado por la sociedad consumista. La publicidad de nuestras ciudades se repite constantemente en todos los escaparates, son las mismas multinacionales y ya puedes comprar el mismo donut o la misma camiseta en Madrid, New York, Londres, Roma y hasta en Pekín.

4 – Porque esas multinacionales que copan lo alto de la pirámide del consumo en navidades son los encargados también de distribuir ideas como la de que tener un smartphone te hace ser libre, ya que es muy importante hablar aunque no tengamos nada que decir. Así cada vez resulte más difícil divertirnos o pasar nuestro tiempo sin hablar de que has comprado o que has deseado comprar.

5 – Porque aunque se empeñan en hablar de desarrollo sostenible, de ayuda humanitaria y de solidaridad en Navidad, no conocemos el origen de los alimentos, de los vestidos, de los juguetes, de los objetos cotidianos, y cuando alguien nos muestra en qué clase de explotación se encuentra el origen de estos, preferimos seguir en la ignorancia.

6 – Porque no tenemos ganas de aparentar ser felices comprando y consumiendo, ya que ser feliz no debería forzarse ni aunque estemos en Navidad. Tampoco tenemos ganas de dar abrazos a quien no se ha preocupado por ti en todo el año o a quien por un motivo u otro no te cae bien. Eso no significa que no puedas alegrarte viendo como los niños disfrutan del periodo festivo que es la Navidad.

7 – Porque para que unos niños tengan decenas juguetes en Navidad, en la otra parte del mundo otros niños no van a tener nada. Ya que hay que saber que los recursos de los países donde el consumo es más alto hace tiempo que ya se agotaron. No sería posible fabricar el tipo de juguetes que consumen nuestros hijos con los recursos que existen sin salir del límite de nuestras fronteras. Y mucho menos asimilar los residuos que todo ella genera.

8 – Porque no hay quien aguante los anuncios, las galas navideñas y las decenas de “cuñaos” recordándonos que ya es Navidad. Y hemos perdido el sentido de la celebración y nadie se acuerda que la Navidad es la celebración del nacimiento del niño Jesús. De hecho, ¿Qué pensaría el de haber convertido su cumpleaños en una fiesta del hiper-consumo?

9 – Porque el efecto de regalar demasiadas cosas a los niños es devastador. Un anestesiante que hace que los más pequeños resten importancia al esfuerzo, a la generosidad o a la austeridad. Los regalos de los niños pasan a ser una competición entre adultos y ese exceso de regalos los convierten en caprichosos y avariciosos. Por no mencionar el monstruo consumista que serán en el futuro.

10 – Porque con lo que tenemos nos sobra. No quiere decir que no se hagan compras en Navidad, pero siempre con la inteligencia de saber que estas consumiendo, investigar sobre su procedencia, sobre su uso futuro y si es reciclable y re-utilizable, ya que el futuro pasará por darle uso a las cosas y no tanto por la propiedad de ellas.

En resumidas cuentas desperdicio económico, alimenticio, de degradación del entorno, de mala educación para los que tenemos que dar ejemplo, de mal uso de las cosas… Decenas de motivos para entender que si haces compras estas navidades y participas en la rueda del consumo sea desde la sensatez.

Feliz navidad a todxs.

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